NIÁGARA: Un imán de huevones
Las Cataratas del Niágara siempre han sido consideradas como las más espectaculares del mundo. Para los que no han tenido el placer de conocerlas, les cuento que en realidad son la misma huevada que las del Salto del Laja, pero con un nombre no tan tercer mundista que hace babear a miles de agencias de viaje por año y con unas dimensiones que harían palidecer a cualquier otro atractivo turísitco natural en un parpadeo.

Sin embargo, yo no vengo a conversarles de turismo a mis amigos del club, sino que a comentar la gran cantidad de huevones que se ha tirado desde las alturas de las cascadas para hacerse los lindos. Si bien, algunos lo han hecho para quitarse derechamente la vida de una forma drástica y aventurera, muchos otros lo han intentado a bordo de simples barriles de madera o modernas cápsulas anfibias para demostrar ante el incrédulo ojo humano que en realidad todo lo que se puede imaginar es posible. Curiosamente tan célebre frase deja de tener sentido cuando uno de ellos se revienta contra las rocas del fondo del rio. Si quieres saber más sobre estos locos de remate que se lanzaban al vacío, sigue leyendo el resto del artículo con los casos más emblemáticos.
Toda esta seguidilla de ilusos que se comenzó a lanzar desde las cascadas comenzó con la amiguita Annie Taylor, quien en 1901 y ya bastante pasadita en edad, se lanzó al vacío a bordo de un miserable barril de madera porque estaba cansada de su vida de profesora y ya no quería vivir más. Dejando en claro que las Leyes de Murphy se hacen muy válidas en estos difíciles momentos, la señorita Taylor sobrevivió con sólo un par de moretones tras caer desde 52 metros de altura. Ella luego pensó que le podía sacar provecho a esta osada acción, asi que comenzó a cobrar por fotografías de ella en donde aparecía como “la famosa señora osada de las cataratas”, pero lamentablemente sólo servía para educar a los cabros chicos, porque le fue como el forro en el negocio y murió como una verdadera rata, sumergida en la más miserable pobreza. Dicen que lloraba más que Oshin por las noches, pero por lo menos ahora ya nadie la huevea.

Más tarde, el pajarón de Bobby Leach intentaría en 1911 tirarse cuesta abajo a bordo de un barril, tal como lo hizo la comadre Annie. Convertido en la segunda persona en lanzarse desde semejante altura, el gran Bobby tuvo que pasar muchos meses internado en el hospital para poder recuperarse de las múltiples fracturas que tuvo tras semejante porrazo. Paradójicamente, nuestro valiente amigo Bobby perdería su vida no en las cataratas, sino que al resbalarse con una huevada mientras caminaba, en donde los aparentes huesos de goma no quisieron hacer nuevamente de las suyas.

Ya en 1930, George Strathakis no pudo aprender de la lección de los otros dos y se lanzó de la misma manera en el interior un barril sellado. Si bien no tuvo problemas al caer, al quedar atrapado al fondo de la cavidad con la cortina de agua cayendo sobre la embarcación, no pudo nunca salir a la superficie, por lo que terminó muerto por falta de oxígeno. En la siguiente imagen pueden ver como un grupo de voluntarios movía el pedazo de lata con el fiambre perdedor en su interior.

Al año siguiente, William Hill se lanzaría sobre un modelo construido por el mismo Stathakis para terminar con vida tras la peligrosa hazaña. Si bien, una parte de la población lo atacó por ser un huevón inmaduro que no respetaba su vida, muchas personas lo comenzaron a tratar como un héroe, ya que gozaba de una reputación muy poderosa como la persona que mejor conocía las cataratas, sobre todo tras haber salvado a muchas personas de morir ahogadas en el mismo lugar durante su vida.

En 1985, nuestro temerario amigo John Munday se la jugaría al máximo cuando - cabreado quizás de la señora - comenzó a lanzarse consecutivamente hasta 1993 a bordo de su cápsula de colores, logrando cumplir con éxito la hazaña en dos oportunidades, debido a que en las otras siempre algo salía mal.

Mientras tanto, Jessie Sharp haría de las suyas en 1990 cuando con sólo 28 años de edad saltó a simeplemente bordo de su kayak. A bordo de esa amariconada embarcación y sin ningúna protección como casco o chaleco salvavidas, Sharp terminó muerto y más cagado que palo de gallinero, ya que su cuerpo hasta la fecha no ha sido encontrado.

Finalmente, en 1995 nuestro amigo Robert Overacker lo intentó a bordo de su moto de agua. En el marco de una ventaja tecnológica insuperable en comparacicón a sus antiguos amigos temerarios, Overacker no lo logró, ya que si bien saltó de manera perfecta en su moto, el paracaídas que cargaba nunca abrió, por lo que terminó aplastado en las profundidades de las famosas y mortales Cataratas del Niágara ante la mirada de un centenar de turistas de diversas nacionalidades, los que confirmaban con sus propios ojos, que ésta huevada de catarata debe ser un imán de huevones ante tanto caso como estos.

Referencias simpáticas: Biblioteca pública de Las Cataras del Niágara | Temerarios del Niágara | Las grandes tragedias del Niágara | Saltando desde un barril: Ensayo de la Universidad de Houston | Preguntas más frecuentes | Listado de pajarracos.

Comment de BUFONASO el 13 Junio 2007:
como un natal de Los Angeles… mierda de ciudad reconocida solo por episodios de gran conotacion periodista o por decirlo de otra forma weas muy muy cuaticas ke no pasan mas ke en Los Angeles, es ke llamo a hacer un gran barril de plumavit, ya ke no creo ke nos alcanse mas el presupuesto y tirarnos por el gran Salto del Laja, con poleras de Sebo… eso si, si es ke le keda agua
Comment de Pancho el 13 Junio 2007:
jajaja cuanto tiene el salto? unos 15 metros?
nos sacamos la chucha, ya sea al intentar subir el salto (puta que es resbalosa la wea) o al estrellarnos en las rocas como los predecesores del Niagara…
Comment de el_caja el 13 Junio 2007:
Igual podríamos hacer el concurso. Algo asi como las Olimpiadas Sebo en el Laja, con cobertura especial de nuestros corresponsales. Sería como los X-GAMES de ESPN pero en versión cuma jajajaja.