Sebo Express: El noruego Fred Syversen rompió un récord mundial de ski sin darse cuenta.

Una tarde de show continuado

La galería santo domingo está a dos pasos de la plaza de armas y al lado de una iglesia. Una vez adentro el camino es uno, para arriba. Subo, dejando atrás tiendas de ropa interior, peluquerías, y joyerías con más ilusiones que joyas. Al final de todo está el Salamandra, perdón, Café Salamandra, show continuado las mejores chicas el mejor ambiente. Eso si le creemos a las letras blancas que se descascaran sobre los vidrios negros que hacen de fachada . Mientras más me acerco, más fuerte retumban los bombos del regguetón que se escapan por la puerta del local. El “portero” me recibe, (más bien me saluda).Aprovecho la “promoción para estudiantes”, y pago una luca en vez de la luca y media de siempre.
Tardo un poco en acostumbrarme a la falta de luz. Adentro siempre hay un estado de semipenumbra. El local es pequeño, y decir mal ventilado es demasiado. No hay sillas ni mesas, apenas un escenario que se extiende pegado a la pared del fondo, y desde cuyo extremo dos barras despegan hacia el techo. La música apenas deja margen para el diálogo, pero no importa, nadie viene aquí a conversar, y si quieres conversar con una de las minas, mejor, le hablas pegadito, para que te escuche.
Alrededor del escenario, apoyados en una especie de barra, se agrupa el grueso de la clientela, el resto se reparte entre los rincones difusos disimulando sin mucha vergüenza el enredo de alguna fugaz caricia arrendada. Si eres un estudiante, sin plata, pero con ganas, tu lugar es en la barra. Espero a que se abra un claro y me ubico. Sobre el escenario se contonea una morena con un jumper que es más corto que la camisa que lleva abajo. Desde abajo, la galería estira sus manos, ansiosa, por hacerse con algo de ese sueño azul (en mi cabeza suena la canción esa, “Colegiala, colegiala”). Ella se deja querer, distante y algo indiferente al principio. Pero a medida que avanza la canción, y disminuyen las prendas sobre su cuerpo, aumentan las manos, que con su consentimiento, aterrizan, cubriendo su desnudez de alumna toplera, con la calentura cimarrera de los compañeros de curso que la celebran desde el otro lado del escenario. Hasta que se acaba la canción y se va. Y llega otra y la historia se repite, manos sobre manos buscando algo de esa piel ajena. Piel firme aún, parece pensar el viejo que manotea desesperado a mi lado, le faltan manos para las ganas que tiene de llenarlas de carne joven.
El Salamandra, es así, sórdido para algunos, divertido para otros, muy en serio para muchos. No sé aún, donde me inscribo.
Me alejo del escenario, para darle la oportunidad a los buitres que esperan. Me apoyo en una pared, no alcanzo a aburrirme cuando llega una rubia a hablarme. De cara es algo porfiada, pero el bikini blanco que lleva puesto anuncia un cuerpo de curvas firmes y pocos excedentes. Me pide una bebida, solo dos luquitas, con derecho a un pololeo, ahí, en lo oscurito. Le respondo con un no mucho más dudoso de lo que quisiera. Capta mi inseguridad al vuelo, insiste, pero esta vez me da la espalda y se frota contra mi, una bebida no mas, si son dos luquitas, me susurra al oído. Le pregunto el nombre, más para cambiar el tema, que por curiosidad. Almendra, me responde, Almendrita la calentita. Ufff!!. Me meto la mano al bolsillo para asegurarme que de verdad no tengo las dos lucas para comprar un pololeo fugaz. De verdad no las tengo. Me dice que es una pena, me da un beso en la mejilla y se va a buscar a otro imbécil.
Mientras bajo por los inclinados pasillos de la galería, intento convencerme que el temblor de mis piernas es por culpa de estar de pie mucho rato, y no debido a las dos lucas que no tengo, o las ganas de tenerlas. Cuando llego abajo y salgo, Santo Domingo me recibe con el grito de las micros, y una claridad insoportable, auspiciada por el sol de invierno que cuelga indiferente sobre la tarde céntrica. Cierro los ojos, sin saber bien si es que el exceso de luz no me deja ver bien, o me obliga a ver demasiado bien.

una mierda de radio

Hay 4 comentarios para esta noticia. »

  1. ey . el zalamandra yo tenia entendido q lo habian cerrado .
    espero me respondas .

    r!.

  2. El texto este es muy antiguo, de hecho yo hace casi tres años que no vivo en Chile, así que es altamente probable que este grandioso sitio haya cerrado sus puertas; una pena, pero ya sabemos que en Chile no se apoya el arte y la alta cultura.

    Saludos

  3. el salamandra sigue abierto

    fui hace unas semanas y sigue igual, te lo aseguro

  4. mmmmmmmmmmmmmm no yo fui hace un mes y siiiiiiiiiiiiiiiiiiii sigue igual pero com mejor carneeeeeeeeeeee

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