Sebo Express: El noruego Fred Syversen rompió un récord mundial de ski sin darse cuenta.

Gatitos

Gatitos

Frente a un computador un tipo escribe, le escribe a una mujer que no está, le escribe a una sonrisa que tiene detrás de los ojos. Le escribe a un espacio que a pesar de estar vacío, sigue ocupado. Mientras escribe, afuera llueven gatitos envueltos en llamas, meteoritos maullantes que se revientan contra el suelo, o se hunden siseando en la piscina de agua verde, que se abre como una boca bajo la sombra inútil del nogal.

Los gatitos siguen cayendo, cubriendo el suelo de pelo chamuscado y maullidos agónicos, las plantas del patio empiezan a contagiarse de las brasas de los cadáveres felinos, y al rato el patio es una inmensa fogata. El tipo sigue escribiendo, golpeando las teclas , rebuscando imágenes que lo terminan confundiendo; no sabe si su recuerdo es de su propiedad o ya tiene una vida propia, si sólo son imágenes, o en cambio es otro cuerpo, hecho de vacío, de ausencia que se pasea a su lado, que se va y vuelve cuando quiere. Vacila un momento antes de seguir escribiendo, mira por la ventana. La lluvia ya paró, pero todo siguen en llamas, todo menos la piscina y el nogal, que se miran entre ellos, ofreciéndose inútilmente. El cielo está oscuro, negro, y sólo unas pocas nubes de color verde furiosos se pasean bucólicamente por el campo visual de un hipotético observador. Más allá de la casa, más allá del tipo que escribe, más allá, incluso de los gatitos; una niña lee algo en la pantalla de un computador. Mientras lo hace, imagina gatitos cayendo envueltos en llama, disparados desde un cielo negro con nubes verdes furiosas. Sonríe, o tal vez no, no se alcanza a ver bien desde tan lejos, pero imaginemos que sonríe. Mientras sonríe e imagina gatitos meteóricos, el mundo se derrite, se transforma y se vuelve rosado con manchitas negras, manchitas negras que, vistas desde cerca son gatitos quemados, incrustados sobre un infinito chicle de fresa que ya perdió su sabor. Sonríe. Las teclas se siguen hundiendo, y afuera sigue ardiendo, el tipo sigue juntando los trozos de la ausencia, sin lograr aún definir el origen de las piezas, pero sospechando un origen mixto. Se pregunta si él no será también un recuerdo, una añoranza que recuerda a quien lo extraña, se encoge de hombros, todo esto le parece muy cursi. Pero sigue escribiendo, mientras a su alrededor la pieza empieza a oscurecerse. Escucha maullidos y mira hacia abajo, alrededor de su silla hay cuatro gatitos ardiendo que lo miran y se frotan contra él, su contacto le quema las piernas, pero los gatitos insisten en buscarlo, se refriegan contra él mientras ronronean rítmicamente, decide que no tiene otra opción que aguantar a los bichos, ya se aburrirán, razona. Pero se equivoca, los gatitos siguen ahí, insistentes, y encima, sólo unos minutos después llegan dos monos aulladores que se paran en la puerta mirándolo fijo, los monos son de color azul eléctrico furioso, y en vez de pelos tienen escamas, que a luz de las llamas de los gatitos despiden reflejos tornasolados. El tipo sonríe, algo nervioso y vuelve a las teclas, esperando que todos desaparezcan de una puta vez, y lo dejen sólo con sus fantasmas, pero los monos no parecen estar por la causa, en vez de retirarse empiezan a gritar furiosos, y arquean los brazos, remedando a los físicoculturistas aceitosos que han visto por la televisión. El tipo cierra los ojos y se imagina disfrazado de oso, enorme como un edificio, con una piedra gigante en las manos. Sonríe y de dos certeros golpes aplasta a los monos, dejando dos pozas azules y una par de quejidos de efecto retardado. Acto seguido aparta a los gatitos de una patada, los bichos van a dar contra la pared y se disuelven en una nube de cenizas. Más relajado, el tipo sonríe, abre los ojos y vuelve a la conversación con su espectro querido.

una mierda de radio

Hay 6 comentarios para esta noticia. »

  1. ta gueno el txt :-)

  2. :-#

  3. ;-)

  4. puta que eris gay wn

  5. WTF?

  6. Textazo!!

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